Àngels, 4

Como espectador, sólo me interesaba La Fotografía por “sentimiento”; y yo queria profundizarlo no como una cuestión (un tema) sino como una herida: veo, siento, luego noto, miro y pienso.

Roland Barthes

Àngels, 4.

Todo un haz de sentidos heteróclitos cabe en este breve enunciado que emplea Anna Marín para titular su exposición en Figueres. Todo un juego de asociaciones intencionales y azarosas. Como un enigma insondable, así también tantos recuerdos vividos o soñados parecen anudarse en ese título o en una fecha de una de sus obras: 12 de abril (2003).

Una primera referencia semántica de Àngels, 4 nos lleva a la ubicación de la galería Ferran Cano, en la que presentó el pasado año una serie de imágenes de gran formato cuyo motivo era la infancia: Chicken hawking (2002).. Como dejó reseñado Jaume Vidal, esa serie sobre el maltrato, el olvido y el abuso de los niños da cuenta de "la muerte del cuerpo a la muerte del alma". Anna Marín prosigue en esta nueva muestra aquella interrogación sobre uno de los límites éticos de la realidad. Ese ámbito de lo abyecto y de lo perverso, queda representado en la instalación sin la tentación espectacular, a veces despiadada, que se reconoce en algunas prácticas artísticas. Sin esperar consecuencias catárticas, la destrucción de esas imágenes, realizadas por niños con espátulas, es registrada en un nuevo documento del que surgirá otra propuesta posterior. El ciclo se prolonga como signo visual que resemantiza ese aldabonazo crítico, como herida y cuchillo baudelariano, herida —siempre— o signo compasivo y paradójico de realidades intolerables. Angeles caídos, sin futuro.

Los dibujos realizados en una pared por niños en su trazo ingenuo que componen casas, se vinculan intertextualmente a los dibujos realizados por niños palestinos. Esa repetición de dibujos infantiles fotografiados parecen apelar a la ausencia de presente verdadero, a una emancipación truncada por tanta barbarie. Amal (2002), Sin salida (2002), documentos que enuncian otras grafías de otros ángeles anónimos, criaturas expulsadas a un destino trágico, incolmable, en su propia tierra.

Tiempo, imagen y narración. La sombra enigmática del azar se hace más visible algunos días. En el caso de Anna Marín irrumpe con más intensidad en algunos 11 de abril. La lógica del acontecimiento, ese espesor misterioso que, a veces con cierto desasosiego, trama una memoria paradójica de afectos y desafectos por nuestras ciudades de origen, la vuelta a las mismas con un extrañeza insondable, es desvelada por Anna Marín en varios de sus dípticos. En uno reúne una imagen suya de recién nacida realizada por su madre con otra imagen de unas luces de velas en una mezquita de Estambul. Esta segunda imagen tomada en un espacio de culto y trascendencia alegoriza el recuerdo de su madre. Tanto Walter Benjamin como Roland Barthes han subrayado la necesidad de la complicidad textual para literaturizar la fotografía, para anclarla en la narración de una experiencia. Sin la ayuda del testimonio de la propia artista, esos dípticos dejan en suspenso el vínculo principal que les da sentido. Algo sabemos y algo se escapa a nuestra interpretación: hay una cesura inevitable del sentido cierto, como marca ambigua que empareja esas imágenes.

Este díptico y el otro que confronta una imagen de un hombre y la de la lámpara de la mezquita, enfatizan el valor narrativo-sentimental (y como medio de pensamiento visual) de las fotografías. Pero sin olvidar que en el estatuto de lo fotográfico se dan también opacidades y suspensiones del sentido. Pero hay otro nexo entre ella y su madre que sólo Anna Marín ayuda a desvelar: la pasión compartida por el libro de Alberti sobre los ángeles, que es, entre otras cosas, la recreación poética de la pérdida de un paraíso, incluido el de la infancia. Otro más.

Así las cosas, esta artista, como cualquiera que explora sus avatares y extravíos, parece padecer cierto delirio por ficcionalizar la vida, tantos dramas de otredades silenciadas, de tantos ángeles caídos.… Queda una mediación crítica para pensar con imágenes el mundo y los aconteceres, con sus dramas y sus gozos y sus sombras y sus paradojas y… Tal vez, sin esperanza, con convencimiento.

© Fernando Golvano, 2003 

Referencias

  • Burgas, Àngel (2003,06,12). La ciutat retrobada. Àngels al Museu. Figueres: Hora Nova. http://www.angelburgas.cat/3_CAST.html

  • Camps, Eudald (2003,05,9). Ànima petita,efímera… Diari de Girona. Suplement d’oci i cultura.
  • Golvano, Fernando (2003). De ángeles caídos, de abyecciones innúmeras, de paradojas existenciales. Àngels,4. Figueres: Museu de l’Empordà.

  • Pol i Rigau, Marta. (2003,05, 22). Ferides de la infantesa. Avui.