Tránsitos marroquíes

Como por todas partes ve caminos,
está siempre en la encrucijada.

Walter Benjamin

Encrucijada II: en el umbral de la narración

Hay viajes que surgen de una inquietud inefable. Tal vez porque no podemos darle un nombre o una forma a esa inquietud —¿cómo saberlo?—, nos dejamos llevar por un merodeo sin programa definido. Nos ponemos en tránsito receptivos a lo que acontezca. Así percibo los viajes de Anna Marín: tras lo pasos de una inquietud que se anuda a otra, y de un deseo de transformase en una alteridad nueva. Ya en su primera muestra individual, Estrechamente separados (Can Xerracan, 1994) abordaba un viaje a los márgenes de lo real y de lo imaginario: ahí donde pertenecen los errantes, exiliados, emigrantes y las gentes fraternas al extravío de las emociones. En ese ámbito periférico parece encontrar acomodo su inquietud y su mediación artística, que negocia una posición en cada momento.

Sea para fijar su atención en una transeúnte anónima de una ciudad marroquí y presentarla en una instalación con imágenes fotográficas, sea a través de un retrato de otra mujer magrebí en una ventana de espaldas al exterior —a ese espacio público vedado para ellas en muchas cuestiones—, sea construyendo un pan redondo convertido en diana en la que unos frágiles barcos de papel giran y giran quizá hasta que el naufragio les aborde, sea en una formidable instalación Sic transit (1997-2000) integrada por un mar de alfileres y unos faros/focos que alumbran/vigilan sueños y dramas, o sea capturando una imagen nocturna y misteriosa del hotel Africa: lo que Anna Marín pone en obra no es tanto una narración acotada como un dispositivo semiótico inestable, inquieto, para una narración abierta a múltiples encrucijadas del sentido. En ese umbral de la narración que emerge se incorpora nuestro diálogo con otro diccionario del mundo, otros imaginarios viajeros y otros tránsitos.

Anna Marín privilegia el recurso fotográfico en su práctica artística, aunque distanciada de la poética que Cartier-Bresson definiera como la del “momento decisivo”, por lo que sus imágenes no parecen buscar ese modo de verdad sino tal vez una memoria de lo real, de lo que aconteció, pero también de lo construido en el proceso de producción de las imágenes hasta su exposición pública. Concepto y sensibilidad se alían en sus propuestas, en un juego crítico desde el arte al mundo, a las geografías humanas y paisajes que aprecia, y quizá a las obsesiones —conocidas y anónimas— que acompañan sus fugas y derivas…

 

© Golvano, Fernando (2000).

Encrucijadas del viaje y del errar. Encrucijadas mediterráneas. Viajes y errares. València: Sala Parpalló. Col.lecció imatge nº 66

Referencias

  • Briejs, Lief (1998). Una jornada del alma. Ars Mediterranea (Barcelona) nº3.

  • Lozano, Amparo (1998). Zonas de deslizamiento. Memoria de aire. Barcelona: Edició d’artista.